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Diario de a bordo de la tragedia PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por A.M. R.   
Friday, 05 de September de 2008
Desde que salió de Barbate el 4 de septiembre hasta el inicio del proceso judicial, el primer aniversario del naufragio del 'Nuevo Pepita Aurora' arroja aún muchas dudas Latitud 36º, longitud 5º. 136 metros de profundidad. A unas tres millas de la costa de Punta Camarinal. Allí descansa el Nuevo Pepita Aurora, una de las pocas certezas para las que no hay resquicio de discusión. Allí, en el fondo del mar reposa el pesquero barbateño que se llevó consigo las vidas de ocho de sus 16 tripulantes hace ahora un año. O hará un año cuando sean las dos y media de la tarde. El mar permitió que se encontraran cinco cuerpos y se quedó los tres restantes. Lo que sigue a continuación es un remedo de diario de a bordo de lo sucedido, mezclando testimonios de los supervivientes, instrucción judicial y el informe elaborado por la Comisión Permanente de Investigación de Siniestros Marítimos. 4 de septiembre de 2007: A mediodía, sale del puerto de Barbate el buque, de unos 20 metros de eslora y casi seis de manga. Se dirige a faenar en aguas de Marruecos, donde puede echar sus redes desde el mes de abril (cinco meses atrás), tras el pírrico acuerdo logrado por España y el reino alauita. Boquerones y anchoas son sus objetivos. El patrón es José Vega y la tripulación mezcla a veteranos, novatos y la cuota marroquí que impone el pacto con el país vecino. 15 de los 16 tripulantes disponían de la titulación preceptiva. La traíña fue despachada por las autoridades el 2 de julio con validez hasta el día 30. La embarcación no había cumplido aún los 10 años de antigüedad y era un modelo calcado al O Bahía, un cerquero gallego que se fue a pique en junio de 2004 también muy cerca de su puerto. Alguno de los ocupantes siempre pensó que su embarcación tenía el centro de gravedad demasiado alto, aunque nunca había dado muchos problemas en travesías especialmente duras. 5 de septiembre de 2007: A las diez de la mañana, y a 58 millas de Barbate (en Larache), el patrón del Nuevo Pepita Aurora decide aproar hacia casa. La captura lograda es más que suficiente. A una velocidad de 10 nudos, la navegación es tranquila mientras discurre en paralelo a la costa africana, al calor de su abrigo. Pero las cosas se complican en cuanto el Cabo Espartel deja de servir como escudo. En medio del Estrecho, el viento de Levante de fuerza 7 causa olas de tres metros; minutos después, alcanzan los cinco metros y el barco reduce velocidad a 7 nudos. Las olas llegan a siete metros e inundan una cubierta que no evacua a la suficiente velocidad. El informe del Ministerio de Fomento apunta que las condiciones de francobordo habían sido modificadas con el cierre de las falucheras y que por eso no soltaba agua. Los tripulantes niegan que se cegaran las vías de escape. Lo que nadie niega es que el buque llevaba más peso de lo normal. Hasta 12 toneladas entre redes, capturas y tanques de agua dulce (que debieron darle mayor estabilidad). Todo lo contrario: el barco escora 10,5 grados hacia babor cuando se mete en lo peor de la marejada. En ese momento, según el informe oficial, el patrón ordena varios cambios de rumbo seguidos, entre ellos, poner la popa al viento. Nada: a las dos y media de la tarde, un golpe de mar impacta por la amura de estribor y causa un bandazo hacia babor que nunca llega a oscilar del todo, porque una segunda ola ataca de nuevo en estribor y vuelca el barco. Queda «quilla al sol», que es como la gente de mar lo llama. Unos minutos después, el pesquero Benamahoma, que navegaba a poca distancia, logra sacar del agua a siete tripulantes. José Vega, el patrón, es el último en subirse y no sin mucha insistencia por parte de los rescatadores. El Hermanos García Lorca salvaría al octavo superviviente y el Moby Dick y el Piloto sólo arrancarían a las olas un cadáver cada uno. Quedaban seis. No será hasta dos horas después del naufragio cuando aparecen las unidades aéreas y marinas de Salvamento Marítimo, que recuperarían el último cuerpo de aquella jornada. En lo que queda de tarde, varias embarcaciones más se suman a las labores de búsqueda, que se suspenden a las nueve y cuarto de la noche porque eso, porque ya es de noche. 6 de septiembre de 2007: Exactamente un día después del vuelco, a las dos y media, el Salvamar El Puntal localiza la quilla del Nuevo Pepita Aurora. Mientras que las demás unidades de salvamento rastrean la zona en busca de más cuerpos, los buzos de la Guardia Civil consiguen afirmar un cable de remolque sobre el barco siniestrado y el Don Inda inicia su arrastre. En tierra, en Barbate, la localidad en pleno acompaña a las familias de los tres fallecidos encontrados en unos funerales multitudinarios y con fuerte presencia política. Al caer el sol, cerca de las nueve de la noche, el Don Inda comunica que está perdiendo al Nuevo Pepita Aurora. La traíña capitaneada por José Vega se hunde a los 136 metros de profundidad que el mar había reservado para ella. No se encuentran más cuerpos. 7 de septiembre de 2007: El Gobierno no escatima medios y despliega todas sus posibilidades. Los robots intentan acceder a los camarotes. Los familiares de los cinco fallecidos insisten en que están en el interior del barco, en un lugar al que los buzos no pueden llegar porque las redes se lo impiden. Esas mismas redes que llevaron de más y cuya caída originó uno de los movimientos bruscos previos al accidente. 8 de septiembre de 2007: Uno de los robots submarinos localiza un cuerpo en el cuarto del baño del buque. Las imágenes de ese día carecían de la suficiente nitidez como para identificar al marinero, aunque días después se le reconocería como Manuel Alba. 11 de septiembre de 2007: Tras cuatro días agotadores, el resto de la flota de Barbate (que había colaborado en el rastreo de los cuerpos) vuelve a la normalidad. Las labores oficiales de rescate se complican entre la mala mar y las mareas traicioneras de la zona. 19 de septiembre de 2007: Un día después de que se consiguiera fijar por fin el Nuevo Pepita Aurora, se rescatan del interior del pecio a dos tripulantes: son Manuel Alba y Andrés Lucio. 21 de septiembre de 2007: La operación de búsqueda y salvamento se da por finalizada, tras verificar los buzos que no había más cuerpos en las bodegas. 25 de septiembre de 2007: Los familiares de los tres desaparecidos empiezan a recoger firmas para que la Administración les permita ver los vídeos submarinos, ya que no se creen la versión oficial de la Administración. 26 de septiembre de 2007: El juzgado número 3 de instrucción de Algeciras abre una investigación sobre el caso. Octubre de 2007-enero de 2008: Las familias desarrollan sus propias teorías e incluso logran que la Fundación Titanic se preste a bajar hasta el barco. La Junta pone trabas a esta actuación. Julio de 2008: Fomento termina su informe, en el que concluye que el cerquero volcó por un exceso de peso y por modificar las condiciones mínimas de francobordo. La Fiscalía decide interrogar a José Vega, el patrón, en calidad de imputado tras leer el relato de los hechos por Marina Mercante. El próximo 11 de septiembre Vega declarará ante el juez. 5 de septiembre de 2008: Un año después, el Nuevo Pepita Aurora espera a 136 metros bajo el mar.
 
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